Uno de mis hobbies favoritos es collagear.
Lo hago desde chica, creo que empecé entrando en mi adolescencia.
Siempre lo viví muy libre, lo hago cuando quiero, nunca estoy pensando “debería collagear más”, esas exigencias las traslado a otras cosas que sí tengo que hacer.
A veces hago 6 collages en 3 días y después por cinco meses no hago nada.
Siento que no se me da muy bien dibujar; y encontré en el collage una forma de jugar libremente.
Algo parecido siento a cuando los niños empiezan a dibujar, no creen que no les va a “salir”, simplemente lo hacen, sin censuras.
Cuando no collageo guardo papelitos, fotos, o cosas para cuando sí tenga ganas de hacerlo.
Últimamente estuve collageando con fotos propias, encontradas o compradas en ferias.
Collagear fotos me enseñó mucho a bajarlas del pedestal que a veces las ponemos y me entrenó acerca de restauración de papel, pero eso es para otro post.
Cuando tengo ganas de collagear y me meto de lleno, puedo estar literalmente horas y horas buscando fotos, cortando (adoro cortar con bisturí!), pegando, trabajando en capas, esto me gustá acá y esto otro allá.
A veces siento que tenemos que hacer algo que NO sea productivo, es decir hacerlo porque sí, porque me gusta y ya, no pensar “esto me va a servir para algo en el futuro”.
Alguna que otra vez mostré algún collage mío en mis redes personales, acá me animo y expongo algunos más, ya que sinceramente siempre los hice para mí y no para exibirlos.
Pero hoy, algunos salen a la luz en este post
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Bellos y viajes por hermosos lugares .Amo El Soberbio.