Me gustaría que esta historia empezara con alguna anécdota épica, pero no…
Recuerdo nació en 2017, después de que me pegaran una patada en el culo de una empresa multinacional.
¿Te acordás cuando en el post «10 cosas sobre mí» te conté que había trabajado 12 años en Comercio Exterior?
Bueno, mi último trabajo en relación de dependencia fue en una multinacional francesa. Tenía un muy buen puesto: había llegado a ser jefa y tenía gente a mi cargo.
Me despidieron de un día para el otro y no me la vi venir.
Estuve muchos meses muy deprimida y angustiada. No sabía qué hacer ni qué camino tomar.
Lo que sí sabía era que nunca más iba a trabajar para otro, ni mucho menos poner mi energía en una empresa que trataba a sus empleados como productos descartables.
En medio de todo ese enojo, tristeza y confusión, me anoté en un curso de encuadernación.
Me enganché tanto que empecé a practicar todos los días y encontré todavía más material de estudio en YouTube.
Siempre cuento que encontré en la encuadernación un refugio.
Además, ¡era una disciplina que siempre había querido estudiar!
Después me pasó algo inesperado: me enamoré de este oficio y tuve que hacerlo convivir con la fotografía.
No tenía idea de cómo hacer que esos dos mundos se casaran, pero lo intenté.
Y así nació Recuerdo, con mis primeros cuadernos, agendas y álbumes de fotos.
Claro… cuando empezás un emprendimiento pensás que podés hacer de todo. Después descubrís que, si querés hacer las cosas bien, apenas podés hacer dos o tres por día.
Entonces tuve que empezar a elegir.
Y elegí seguir creando álbumes de fotos para mis primeros clientes.
Di clases de fotografía para principiantes.
También di clases de encuadernación, pero las suspendí cuando empezó la pandemia y nunca más pude retomarlas.
No porque no quisiera seguir enseñando —es más, hoy las extraño mucho y todavía hay gente que me pregunta cuándo vuelven—, sino porque había decidido crear mi propia página web y eso me llevaba muchísimo tiempo.
Amo dar clases. Soy re profe.
Pero hoy estoy enfocada en otras áreas.
Y fue así que, pandemia mediante, me metí de lleno en el mundo online.
Como te contaba más arriba, armé mi propia página web.
Hice muchísimos cursos (pagos y gratuitos), leí cientos de blogs y vi infinidad de tutoriales en YouTube.
Siempre fui medio freak de estas cosas y ser autodidacta me ayudó muchísimo.
Al principio reputeé a todos los que me dijeron: «Hacete una web en WordPress, es re fácil. Vos la sacás de toque».
Si bien no fue nada fácil, tampoco fue imposible.
Y hoy estoy orgullosa de decir que mi principal canal de comunicación lo creé yo solita, desde cero, y lo administro exactamente como quiero.
Además, todo el contenido, los artículos del blog y las fotos… todo, todo lo hice yo, con muchísimo amor.
Pero volviendo al emprendimiento en sí, hace unos dos años empecé a animarme a digitalizar los archivos fotográficos de mis clientes: fotos en papel, negativos y diapositivas.
Soy fotógrafa desde los 18 años. Siempre me gustó más lo analógico, así que hace mucho tiempo aprendí a digitalizar y organizar archivos fotográficos.
Como siempre digo, primero practiqué con mis propias fotos y las de mi familia.
Mi leitmotiv siempre fue —y sigue siendo— ayudar a mis clientes a cuidar sus recuerdos familiares.
Empecé haciendo álbumes de fotos.
Después llegaron las cajas para fotografías.
Más tarde incorporé la digitalización.
Y lo último fue la restauración digital de fotografías antiguas.
Ahí descubrí un mundo hermoso.
Fotos antiguas llenas de historia que, muchas veces, solo necesitan algunos retoques en Photoshop para tener una segunda oportunidad.
Hoy estoy muy orgullosa de este proyecto que nació como Recuerdo —y que nunca cambió de nombre—.
Mi negocio creció a la par de mi crecimiento como persona y como profesional.
Estoy orgullosa de haber construido un emprendimiento que está alineado al cien por ciento con mis valores y con aquello en lo que creo.
Siempre tuve la visión de ayudar a las personas que no podían imprimir fotolibros, pero que sí tenían muchas fotos impresas dando vueltas por la casa y ningún álbum donde guardarlas.
Con el tiempo, esa idea terminó de completarse ayudando también a digitalizar sus archivos fotográficos y restaurando aquellas imágenes que estaban rotas, manchadas o deterioradas.
Siempre le digo a mi psicóloga:
—Creo que estoy obsesionada con ser coherente… y siento que lo logré con Recuerdo. Todo tiene que ver con todo.
Podría seguir escribiendo porque en estos años pasaron muchísimas cosas.
Pero me parece que esta historia puede terminar acá.
¿Te gustó conocer cómo nació Recuerdo?
¿Te sentiste identificado con alguna parte del camino?
Te leo en los comentarios.