Sobre mí

 

Hola, soy Gaby Parborell y me gustaría contarte mi historia. Te aviso que va para largo, así que te invito a que te prepares un café, té o lo que gustes para acompañar la lectura.

 

La Fotografía

Desde muy pequeña tengo una relación especial con la fotografía, ya que siempre me pareció increíble que un objeto inventado por el hombre detenga el tiempo, lo congele y lo imprima en un papel.

Estudiar fotografía

Hoy tengo 37 años y desde los 18 que estudio fotografía; pasé por miles de talleres y escuelas.

Primera clase de fotografía, entra el profesor: “Bueno chicos acá se me olvidan del arte y de todo eso, cuando la novia entre a la iglesia tienen que exponer bien, que el vestido no les salga quemado”. Me pareció algo raro un comentario así, pero era muy joven e inexperta. De esta manera comencé a estudiar.
Resulta que en esta escuela de Morón te formaban como “fotógrafo profesional”; pero con los años me dí cuenta que simplemente formaban trabajadores de la fotografía. En las clases te enseñaban cómo ser un fotógrafo socialero, publicitario; o cómo iluminar una botella de vino. Iba a las clases pero nunca estaba 100% convencida de lo que estaba haciendo.
Estoy hablando de los años 2004-2005. Por esa época todavía se enseñaba fotografía en analógico, recién arrancaba lo digital.

Con mucho esfuerzo, trabajando siempre en oficina en Comercio Exterior, me compré mi primer equipo, lentes, flash, bolso, TODO. Muchas cosas totalmente al divino botón, que no usé ni una vez y después las vendí. Preguntaba a mis profesores 10 veces antes de comprarme algo y a todo me decían que sí, jamás me re preguntaban para que quería 3 lentillas de aproximación; ¿jamás un “pero a vos te gusta mucho la macrofotografía?”. Para mí, todo era nuevo y quería todos los accesorios.

Corrían los años 2006/2007, me había comprado mi primera cámara réflex digital y me fui a estudiar a otra escuela; donde aprendí OTROS CONCEPTOS, pero me encontré con profesores que estaban al límite de proyectar miedo en los alumnos ya que nos enseñaban que «revelar blanco y negro es muy difícil», «si no te salen negros y blancos en una foto byn, mejor tirala». Por supuesto que con los años, me dí cuenta que todo lo que decían, nada era cierto. Nada es difícil, simplemente hay que trabajar y comprometerse 100% si querés que algo te salga bien. Es más, para que te salga mal un revelado blanco y negro, ¡tenés que hacer muchísimas cosas mal! ¡Es tan fácil como hacer un bizcochuelo de caja!

Después de estas malas experiencias estudiantiles durante 3 años seguidos, cada vez sacaba menos fotos y ya no lo disfrutaba tanto como antes, realmente estaba muy perdida y frustrada porque seguramente estaba haciendo todo mal.
Paralelamente a esto, estudiaba Comunicación Social en la Universidad de la Matanza y me ofrecí como fotógrafa y redactora del diario web de la facultad. Trabajé 6 meses TOTALMENTE GRATIS. Al principio estaba feliz, muy entusiasmada, pensaba que iba a aprender un montón y que iba a terminar trabajando en un medio más grande y con algún salario…. ¿te suena esa palabra? Bueno, en periodismo parecería que es mala palabra cobrar por tu trabajo. En 2008, la combinación de trabajar gratis, más la oficina y estudiar comunicación no fue nada buena para mí y obviamente dejé el diario web. Más o menos por esa época pensé que sería una idea genial trabajar como free lance en fiestas, casamientos; podía ganar mi dinero y “hacer algo que me gusta”, o sea hacer fotos. Me junté con fotógrafos experimentados, los acompañé como asistente y me enseñaron el trabajo. Cuando sentí que me podía largar sola (me costó mucho), me armé una pequeña empresa, con una vieja amiga que hace cine. Ella hacía video y yo fotografía. Después sumamos una diseñadora gráfica a nuestro equipo. Por algunos años estuvo bueno (aproximadamente hasta el 2011), hasta que yo en un momento me harté de tanto trabajar y nunca disfrutar 100% lo que hacía. Ahí fue cuando dije, bueno, debería empezar a buscar mi propio estilo. Quizás encontré mi estilo comercial, para que la gente me eligiera a mí y no a otro, pero por otro lado también me sentía un poco mal porque sacaba fotos para los demás y ya no sacaba fotos solamente para mí.

Después de esto me empezó a pasar que con las chicas de 15 años no conectaba, no las entendía; de repente tenía que sacarle fotos a una mitad niña-mitad mujer en el Rosedal de Palermo y yo ya no estaba cómoda con esa situación, hacéndole fotos a una desconocida que no sabía prácticamente nada de su vida ni sus gustos. Lo mismo me pasaba con los bebés en los bautismos; me parecía muy aburrido perderme todo un sábado a la tarde haciéndole fotos a una familia que solo bautizaba a su hijo/a por la fiesta y no por creer en una religión. Ni hablar de los casamientos, me parecía innecesario una fiesta de 10 horas. Y ya tenía clientes que me venían con planteos como “¿le podrás blanquear los dientes a mi marido? …. en las 700 fotos?” (no hay remate).

Crisis existencial

Ya en ese momento sentía que tenía una crisis importante en esta profesión, sentía que no había nada que me viniera bien y de a poco fui dejando la fotografía comercial y me empecé a acercar a talleres de estenopeica, laboratorio byn, analógica experimental … como para despejarme un poco y hacer algo más por diversión. Bueno, ahí ya empezó a cambiar la cuestión, y cambió del todo; 180 grados, cuando finalmente me pregunté: ¿PARA QUE HAGO FOTOS? y mi respuesta fue: PARA RECORDAR. Simplemente era eso. Hacía (y hago) fotos para guardarlas. Les hacía fotos a mis amigos, mi familia, mi casa, mi perra. Fotos de vacaciones, cumpleaños, navidades; tan simple como hace cualquier otro usuario de fotografía (capaz yo encuadro y enfoco mejor que mi tía) . Y no me importaban si eran lindas o feas, ERAN MIAS Y PUNTO. Por fin me liberé de todo. Volví casi un 90% a lo analógico 35mm, a revelar en mi casa mis rollos byn, a imprimir mis fotos, armar álbumes, regalar fotos a gente que quiero, a ser paciente, a esperar, a disfrutar ya no sólo del disparo sino de todo el proceso. De encontrarme con fotos que había sacado hace 2 años y era mi pequeña máquina del tiempo.

Y desde 2012 a 2018 encontré otro espacio: la fotografía encontrada. Volví a la fotografía desde otro lugar: a rescatar fotos de la calle, y por supuesto, ¡álbumes! Gracias a esa experiencia, aprendí mucho, muchísimo de conservación fotográfica, cuidados, limpieza, deterioros de todo tipo, mejores técnicas para escaneo y guarda digital ….

polaroid

La encuadernación

Mis libros

Siempre cuento que la fotografía me llevó de a poco a la encuadernación y me enamoré tanto de este oficio que decidí desarrollarlo como una segunda actividad laboral. Toda la vida me gustó mucho leer y siempre cuidé mis libros porque me interesaban como objetos que había que conservar. Soy de releer dos o tres veces el mismo libro si me gusta mucho.  Si un texto lo leo una vez y no me interesa como algo que me quiero quedar, lo vendo para que ingrese otro libro a mi vida. Compro y vendo mucho en Mercado Libre porque no me gusta acumular libros que no tengan una razón para quedarse en mi biblioteca.

Fotos y álbumes

Cuando trabajaba como fotógrafa socialera, allá por el 2011, 2012, yo quería entregarles a mis clientes sus fotos impresas y pegadas en un álbum tradicional. Pero no encontraba la manera de resolver esto, ya que los álbumes que se venden en las tiendas de fotografía siempre me parecieron horribles y muy de plástico. Por esa época era muy común entregar el trabajo sólo en un pen drive.  A mí nunca me cerró esto. Yo quería entregar a mis clientes sus fotos, un objeto que dure para siempre. Por supuesto que siempre desconfié de los pen drive, discos rígidos, etc. Imprimir las fotos no era un problema ya que esto podía hacerlo una casa de revelado de confianza y listo. El impedimento era entregarlo en un álbum de fotos bello y construido especialmente para que las fotos duren 100 años. ¡El mundo cada vez es más digital y menos analógico! En ese tiempo aún no eran tan populares los fotolibros (al menos no en Argentina) entre los “usuarios comunes de la fotografía”. Entonces empecé a practicar con mis propias fotos, de autor o familiares. Hice mis primeros álbumes de foto sin mucha información, casi intuitivamente. ¡Por supuesto que hoy los miro y los veo muy feos, pero como son los primeros, los quiero mucho!

Mezclando todo el tiempo la fotografía y la encuadernación, muy de a poco empecé a descubrir que existía un oficio que era el de encuadernador, pero casi estaba llegando a su extinción. Comencé a descubrir a través de Google y Youtube qué era la encuadernación y si era posible hacer lo que yo quería, pero aún no encontraba respuestas.

Y en 2017 me propuse estudiar seriamente encuadernación; durante todo el año tomé clases en diferentes lugares y más específicamente de elaboración de álbum fotográfico tradicional, ya que siempre fue mi intención restaurar y elaborar mis propios álbumes para reconstruir mi enorme archivo fotográfico propio y familiar, ¡que cuenta con más de 20 mil imágenes!

Actualmente ayudo a los demás con sus recuerdos: creando los mejores álbumes de fotos personalizados, digitalizando sus archivos fotográficos y restaurando digitalmente fotos antiguas o deterioradas

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